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Tiburón Toro

  • Abraham Truxillo
  • 00false20 GMT+0000 (Coordinated Universal Time)
  • 1 Min. de lectura


Gestándose en el útero, los embriones de Tiburón Toro se devoran unos a otros a su suerte. Sobreviven dos, que nacen como Caines consumados de metro y medio, listos para medrar en aguas dulces y saladas.

Hace veinte millones de años, en el océano cenozoico, los asuntos familiares ya se resolvían así. Dentro del vientre colosal de la megalodón encinta, una docena de escualos de dos metros se arrancaban la vida a dentelladas en las tinieblas de un mar amniótico. Las crías que nacían llegaban a convertirse en tiburones tan grandes como un cachalote moderno.

El canibalismo uterino fue descubierto por Stewart Springer. Durante las vivisecciones a los especímenes capturados cerca de la isla Chandeleur, en Luisiana, Springer notó que las hembras preñadas solían cargar menos embriones hacia el final de la gestación que al principio. En el momento mismo de su eureka, Springer introducía la mano en las entrañas de un espécimen que se disponía a seccionar, cuando un nonato de fauces aserradas casi le arranca el dedo de una fraternal mordida. ⚅

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[Foto: Paul Medrano]

 
 
 

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