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  • Andrés Cisnegro

Versus. Contra el absolutismo cultural (3/3)




Desde mi ángulo —intención— el versus es un camino hacia la conformación pública de un criterio libre del influjo central; es decir, de la hegemonía aún muy lejos del valor democrático que se ejerce no sólo en México, sino de manera sistemática en la mayoría de los gobiernos. El versus como la exposición del idialógo entre creadores de diferentes condiciones (contextos sociales) y su elemental “competencia” lingüística en los medios de promoción y en la conformación de públicos.

Es decir el Torneo de Poesía a parte de plantear un enfoque plural y múltiple del suceso poético (función política) en el espacio público intentó exteriorizar los factores que influyen en el “lector” y el “potencial lector” para que pueda tomar una postura analítica ante la poesía (y su entorno en general) y no sólo de entretenimiento, lo que paradójicamente se logra exponer sobre un ring.

Sin embargo, el aro, ese círculo que a la vez representa “zona de silencio” porque todos a su alrededor “mutan” cuando el poeta (el adverso) comienza su “tirada de dados” y el poema se vuelve entonces no sólo un campo para contemplar, sino un discurso para analizar. No es sólo el gusto subjetivo el que determinará “quién vence”, o el aplausómetro, sino los agentes en juego que enriquecen el panorama del escucha y lo empujan a la necesidad de tomar partido por una postura estética. Así el esquema de enajenación se vuelve herramienta de desenajenación.

Versus la oligarquía editorial de los grandes consorcios.

Versus el maniqueísmo oficial de la buena poesía y la mala poesía.

Versus la heteronorma de lo “correctamente político”.

Versus el tabú de la crítica y hacia el discernimiento individual.

Versus la economía del despilfarro y hacia la economía de la lectura.

Versus lo único, hacia las pluralidades.

Versus la enajenación grupal hacia la conversación de lo estilos.

Versus la sacralización de los jurados oficiales y hacia la exposición de los criterios.

Versus la desinformación y hacia el autoconocimiento.

Hay, por otro lado, la propuesta escénica de una comedia del arte más cerca de la comedia humana que propone un aparato económico alterno basado en el valor de libro y no en el de la cerveza o los cigarros al cambiar la figura de “las cigarreras” por la de “las librarreras”, además de jugar con las máscaras y creación de personajes sarcásticos y pantomímicos que pone en juego el valor de la “poesía” por un lado y de la “crítica” por otro.

Versus el estado de las cosas porque el estado de la poesía es el estado donde todo se construye, donde el ser se auto (crea) gobierna: el versus como un principio autosustentable, autogestivo, autogestionante y el ring como el aro de fuego que llama al espíritu autoconciente. El versus como un auto creativo, de auto conversión, más allá de la convención del auto sacramental o la conversión de los reyes de Tlaxcala, versus hacia nosotros mismos, versus, motor y fruto del movimiento poético de los tres primeros lustros del siglo XXI, con la intención de transformar el espacio público de la poesía en un ágora de estilos y pasar de la república de las letras a la diáspora de las nuevas naciones lingüísticas y sus poéticas, sus invisibles formas de gobierno y de libertad.

Versus el nepotismo, versus el monopolio pinacular, versus el anquilosamiento de las formas, versus la inconexión. Reconocer la propiedad como lo que podemos dar y el conocimiento como el desdoblamiento de la metáfora que es “aprender” y concebir así una isla dentro de otra isla. Chinampas, coronas de flores, donde el principio es escuchar lo que nos comemos para comprender mejor cada cosa y sus partes y entender que uno es otros, otras cosas. Procesos que devienen del orden principio del caos: si se crean redes neutronales nacen galaxias y cabe decir que esta noche se miran las estrellas como puntas inversas de una ciudad encendida. ⚅

oto: DE]

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