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¿Bad Bunny?
Carol Isabel (que me pidió no escribir su apellido) me pregunta por qué no he escrito jamás acerca de Bad Bunny y me pide una respuesta clara al respecto. Intentaré complacerla: apreciada Carol, hay algo que se llama música y es un vasto universo donde convergen los más diversos estilos y tendencias. Como cualquier otra materia hecha de sensibilidad e inteligencia, la música ha evolucionado desde su origen hasta hoy, pero en lo esencial sigue intacta. En ese universo de la mú
Efraim Medina Reyes
hace 2 horas3 Min. de lectura


Jugar a pesar de todo
Alfaro vive desde hace décadas en la colonia La Mira, en Acapulco. Ha visto cómo la ciudad se volvió indicador rojo y la inseguridad se hizo rutina.
Roxana Cortés
hace 2 horas4 Min. de lectura


Libros y café
Fui a la cafetería del Centro Cultural Elena Garro y ha sido el mejor café que he probado en mucho tiempo; y he pasado por muchas cafeterías. La librería, más sola que la una, parafraseando al cantautor más despreciado: más sola que “Octavio Paz en una disco de moda”. Pero los libros de Malpaso a 99 pesos. Recomiendo uno maravilloso: Cuando el diablo salió del baño, de la francesa Sophie Divry, que en su momento me lo recomendó Charlie Feroz. En cambio, Hegel y el poder: un e
Brenda Ríos
hace 2 horas1 Min. de lectura


Ir al cine
Me gusta ir al cine. Desde niño. Recuerdo que en mi infancia nos llevaban mi padre y mi madre. Caminábamos desde la Viguri hasta el cine Jacarandas. En fila india —decía mi mamá—, en las partes donde no había banqueta. Llegábamos y afuera comprábamos refresco en bolsa. A veces llevaba tortas o dulces. El cine en aquel tiempo era de permanencia voluntaria. Y era de esos teatros grandes, con pasillos anchos, y uno podía subir a jugar en el templete. Había intermedio de diez min
Carlos F. Ortiz
2 feb3 Min. de lectura


Libros y desamor
Me acerqué a los libros motivado por dos mujeres: por amor a una y por la imposición de otra. Mi madre, profesora de primaria, fue quien me inició en el alfabeto y educó mi mano para la escritura. Me exigía leer un libro cada tres semanas, obligándome a sacrificar las tardes que antes, como un feliz analfabeto, dedicaba al juego con mis hermanos. Gracias a ella comprendí pronto que no bastaba con las historias de espanto que contaba mi abuelo o las radionovelas de la XEW; exi
Juan Luis Nutte
2 feb3 Min. de lectura


De pelos
Hay algo profundamente sintomático en la reacción colectiva de asco ante el vello corporal femenino. Este asco se expresa con una tranquilidad que se acerca a lo moral, una certeza que se presenta no como un gusto subjetivo sino como una verdad objetiva. Pareciera que no se trata de una emoción pacientemente aprendida y pulida a lo largo de siglos de convención visual, sino de un hecho biológico incuestionable, una ley natural de la atracción. El vello en las axilas, en el pu
Agosto D. Lombardo
2 feb7 Min. de lectura


De lecturas y su desmemoria
En un rancho de Florencia, Zacatecas, mi tía abuela Rafaela sobrevivía al paso del tiempo con una serie de trucos que le impedían el olvido total de lo que conocía, de las cosas a su alcance o de sus querencias. Por ejemplo, conservaba en un sobre blanco todos los nombres de sus parientes muertos y cuyos rostros se le iban difuminando. El sobre lo colgaba en el polvoso alambre que sostenía el foco de su cocina. Cada que sufría una nueva muerte, trepaba a una silla, bajaba el
Juan Fernando Covarrubias
26 ene3 Min. de lectura


No me queda tiempo para escribir
ADVERTENCIA: no voy, jamás, a terminar de escribir este texto. No hay tiempo. No es cierto que se escribe en la cocina mientras se guisa, ni en el campo recogiendo jitomates, ni haciendo fila ni cuidando a los hijos. No escribo en todas partes, sobre servilletas, ni llevo conmigo una libreta para que mis sorpresivos versos no se pierdan. Voy aprisa. Estoy agotada. Y por la noche, cuando he dejado todo listo y puedo fumarme un cigarro por fin a solas, tampoco se escribe. Nos m
Ximena Franco
26 ene2 Min. de lectura


Meditaciones sobre el lector ideal
Cuando voy a la presentación de un libro me pregunto si los que están ahí reunidos forman parte del enigma que, para efectos prácticos, denominamos “público lector”. La cosa se enrarece si agrego algunos aspectos, pues los asistentes a estos convites literarios suelen ser familiares o amigos del autor, pero ese vínculo no los convierte en lectores. Ahí están, no sé si lean al escritor, pero lo acompañan y eso, a estas alturas de la vida, ya es bastante. Al presenciar esas fae
Federico Vite
26 ene5 Min. de lectura
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